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Archive for the ‘Canciones de Ronda’ Category

Canciones de Ronda

LOS NOVIOS DE ANTES

En mis tiempos nos poníamos a barrer las puertas y nos poníamos un delantal sujeto en la cintura para que no se vieran las piernas; los hombres pasaban por la calle y no veían nada. Si alguna muchacha le gustaba se paseaban por la calle para arriba y para abajo para poderla ver; si a ella le gustaba el muchacho se asomaba a la puerta o la ventana para verlo. De esta manera comenzaba el noviazgo, a la novia se le echaban serenatas por las noches.

Cuando todavía no tenían novio las muchachas hacían “correcalles” que eran escapadillas a comprar con las amigas café, azúcar, garbanzos, etc., intentando ver a los muchachos. 

Si la relación se ponía normal el novio pedía “la puerta” al padre de la novia y ya iba todos los días a hablar con ella a la puerta de su casa. Mientras estaban en la puerta, la madre de la novia no dejaba de arrastrar las sillas salir y entra de una sala para otra para que los novios dejaran de hablar y la novia se entrara dentro de la casa. Así hasta que llegaba el día de la boda.

EL CORTEJO

En nuestros tiempos, estaba mal visto entrar en tabernas y lugares públicos, ya que eran exclusivos para los hombres. 

En lugar de encuentro y reunión de los jóvenes para entablar una relación era la “fuentecita”. En las casas no había agua corriente, y nosotras teníamos que ir a por ella para los distintos menesteres del hogar. Esta ocasión era aprovechada por los mozuelos para pretender a la mujer que le gustaba. 

Otro sitio, en donde se comenzaba el noviazgo, era en los cortijos.

Cuando se acababa la jornada, teníamos ratos de diversión, donde cantábamos y bailábamos canciones y se fijaba una en el hombre que le gustaba.

 CANCIONES 

¡AY!, QUÉ GANITAS 

¡Ay, qué ganitas tenía

de tener una mujer!

¡Ay, qué ganitas tenía

pa” saber qué disponer!
 

¡Ay, qué ganitas tenía

pero todo se cambió!

Que es la mujer la que manda

y el pobre tonto, soy yo.
 

Nicolasa le decía a su marido

el domingo no vayas a trabajar,

y me barres y me limpias el fogón

y la tarde la aprovechas en lavar.
 

Si a la hora de la cena no he venido

vas limpiando la ceniza del fogón;

con mujeres, hombres obedientes

vas fregando las losas con jabón.
 

¡Ay, que ganitas tenía

de tener una mujer!

¡Ay, que ganitas tenía

pa” saber qué disponer!
 

¡Ay que ganitas tenía

pero todo se cambió!

Que es la mujer la que manda

y el pobre tonto, soy yo.

 

 

LA HIERBABUENA

 

Antoñito, tú solito,

reinas en mi corazón,

y yo reinaré en el tuyo

cuando llegue la ocasión.
 

Vámonos juntos,

vamos los dos,

a coger la hierbabuena,

que mi moreno sembró.
 

Verde que estaba

seca quedó,

ella lloraba,

pero yo no.
 

Amor mío

no eres mío,

que eres de la voluntad;

que eres mío cuando vienes

y anhelo cuando te vas.
 

Vámonos juntos,

vamos los dos,

a coger la hierbabuena,

que mi moreno sembró.
 

Verde que estaba

seca quedó,

ella lloraba,

pero yo no.

 

 DOS ENAMORADOS

Sagrada Virgen del Carmen,

madre de Dios soberana,

con qué pena y qué dolor,

qué joven tan desgraciada.
 

Un día al ponerse el sol

con el fresco de la tarde

bajó a la huerta a regar

y a recoger los tomates.
 

Coge la cuba en la mano

tan contenta, Virgen Santa,

para recoger el fruto

y llevarlo a su casa.
 

A esto que oye cantar

al que ella tanto adoraba

que venía de cazar

con la escopeta cargada.
 

Consuelo que se escondió,

Antonio, no la había visto.

Vio una perdiz volar,

apuntó y disparó el tiro.
 

¡Ay, Antonio, me has matado!

Antonio del corazón,

¡Madre de Dios soberana!

mirando al cielo exclamó.
 

¡Ay, cuando Antonio la vio,

entre su sangre bañada!

Perdón te pido, Dios mío,

mi dulce prenda dorada.
 

¡Ay, cuando se entere el pueblo

que esta inocente desgracia!

Dirán que he deshonrado mi casa.

¡Ay cuando se entere el pueblo,

todos vendrán con dolor

a ver la blanca paloma

que la ha matado un traidor.
 

Aquí me quito la vida,

para mí la vida no es nada,

pero antes de morir

quiero escribir una carta.
 

Y a los padres de mi novia

este recuerdo le mando;

que yo he matado a su hija

pero yo también me mato.
 

Quiero que ponga una cruz

en este sitio que estamos

con el noble desconsuelo

de Antonio su adorado.

  

 

LA COLOMBINA

 

Colombina, Colombina,

niña gentil y caprichosa,

si me concedes los amores

con mis canciones te haré dichosa.
 

Colombina, Colombina,

Colombina de placer,

mira que la vida es corta

y lo que importa, es pasarlo bien.
 

Tranquila duerme la aldea

bajo la luz de la luna

y a todos soñar nos hacen

con amor y con fortuna,
 

y entonces mi laúd,

la canción de juventud,

y el joven que jure amor

con acento arrollador

que te entrega el corazón.
 

Un joven enamorado

viene a cobrar tus amores

cantando esta serenata

bajo tu reja de flores,

hasta que le llegue el fin,

el joven que jura amor

con acento arrollador

que te entrega el corazón.

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